La primera economía del mundo que reinició su locomotora vuelve dos años después, al bucle del inicio. Y amenaza el comercio mundial.

Hay más de 50 millones de personas confinadas en China. La culpa la tiene la peor ola de Covid desde el brote de Wuhan en el país donde todo comenzó. El gigante asiático ha sido el primero en muchas cosas durante la pandemia. Los primeros contagios. Las primeras cuarentenas y cierres de ciudades. La primera economía que reinició su locomotora. Y la primera que vuelve, dos años después, al bucle del principio.

Los nuevos bloqueos en la fábrica del mundo llegan en el peor momento posible, con la economía mundial bajo presión por la guerra en Ucrania. Ómicron ha entrado a lo grande por unas fronteras que llevan cerradas desde marzo de 2020. Son poco más de 15.000 nuevos casos en marzo. Suficientes para retomar viejas restricciones en un país que se ha quedado solo en la defensa a ultranza de mantener su estrategia de Covid cero.

Los brotes recientes se han extendido por 28 provincias chinas, entre ellas Guangdong, centro de fabricación mundial y región que el año pasado produjo alrededor del 25% de todas las exportaciones de China y que representa el 11%, según Bloomberg Economics, del PIB nacional.

En Guangdong se encuentra Shenzhen, la capital tecnológica del país, que el domingo ordenó un estricto confinamiento para sus más de 17 millones de habitantes. Allí tiene parte de su producción Foxconn, el mayor ensamblador de Apple, que mandó a sus empleados a casa y suspendió sus operaciones hasta nuevo aviso. En la ciudad también hay 40 fabricantes de los demandados semiconductores y otros componentes electrónicos que han anunciado que bajan la persiana de sus instalaciones.

El martes, el cierre de Shenzhen se extendió hacia otra ciudad al noreste, Dongguan, un importante centro industrial con más de 10.000 empresas creadas con la inversión de capital extranjero, que es el quinto mayor contribuyente al PIB de China.

En Shenzhen también está uno de los mayores puertos de contenedores del mundo, el de Yantian, y cualquier interrupción podría afectar, de nuevo, a una mermada cadena de suministro global. Ya el verano pasado, Yantian cerró durante una semana después de que se detectaran infecciones entre los trabajadores de los muelles. Eso provocó una enorme acumulación de mercancías que tardó meses en despejarse, dejando un aumento de las tarifas de los fletes mundiales.

«La disponibilidad de contenedores mejoró poco después del Año Nuevo chino hasta el viernes en los principales puertos de China. Sin embargo, con el anuncio de cierres a nivel nacional, la cadena de suministro debe prepararse para otra agitación en los próximos meses, lo que impedirá el flujo de movimiento de contenedores a medida que los importadores de todo el mundo se preparan para la próxima temporada alta a finales de este año», opina Johannes Schlingmeier, cofundador y director ejecutivo de Container xChange, plataforma de logística que sigue en línea a los contenedores por todo el mundo.

«Las tarifas de flete y los precios de los contenedores ya estaban en un nivel récord incluso antes de que comenzara la invasión rusa de Ucrania. Lo que sucedió inmediatamente debido a la guerra es que las líneas navieras nacionales ya no estaban llamando a los puertos rusos y el Mar Negro estaba cerrado de alguna manera. Los bloqueos en China reducirán aún más la capacidad y provocarán un aumento en los precios de envío ya inflados. Las ondas de choque se sentirán en casi todas partes del mundo», sentencia Schlingmeier.

Las autoridades chinas reforzaron el martes los controles en sus puertos, lo que aumentó el riesgo de interrupciones comerciales después de que más fábricas de automóviles y de productos electrónicos echaran el candado. En el norte del país, los fabricantes de automóviles Volkswagen y Toyota han anunciado que suspenderán la producción en algunas fábricas.

Los economistas llevan unos días avisando de que hay temor en los mercados a una gran parálisis de los puertos chinos si se siguen disparando los contagios. En el puerto de Shanghai, donde se han bloqueado algunos barrios, muchos clientes internacionales se quejan de que han cerrado las ventanas administrativas para enviar documentos y que nadie les atiende. Más al norte, en el puerto de Lianyungang, a los marineros extranjeros se les prohibió abandonar los barcos para cambiar de tripulación.

Los precios de las acciones en China y Hong Kong se hundieron por segundo día después del cierre de Shenzhen y también de Changchun, un centro automotriz en el noreste. Están siendo malos días en la bolsa china. La posibilidad de que Rusia haya pedido asistencia militar a Pekín, algo que los chinos niegan, y la nueva ola de ómicron, han hecho temblar los mercados de la segunda economía mundial.

El índice Hang Seng, de Hong Kong, se dejó a principios de semana un 5% y está en mínimos desde el 2016. En la China continental, Shanghái perdió un 2,6% y Shenzhen un 2,9%. Este miércoles, para rebajar las turbulencias, el viceprimer ministro Liu He presidió una reunión especial del Comité de Desarrollo y Estabilidad Financiera en la que prometió apoyo para el crecimiento económico y los mercados de capital

La incertidumbre con la guerra en Ucrania, la sombra de sanciones que rodean a China si apoyara abiertamente la invasión de rusa o se convirtiera en un salvavidas económico para Moscú, a lo que se suma ahora su peor ola de coronavirus en dos años, ha disparado la preocupación sobre las perspectivas de crecimiento de la segunda potencia mundial.

Hace un par de semanas, durante el cónclave político anual del Parlamento chino, Pekín apuntó hacia un crecimiento más lento del 5,5 % este 2021, el objetivo más bajo en tres décadas, con la excepción del 2020, cuando la pandemia paralizó la economía. El año pasado, el crecimiento fue del 8,1%. La desaceleración actual parte de la irrenunciable estrategia nacional de Covid cero. Además, su PIB se ha visto lastrado estos los últimos meses por la crisis inmobiliaria y de escasez de energía, a lo que se suma el aumento de los costos de las materias primas.

Fuente: El Mundo

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